10 oct 2010

The Dark World Tales VII

"Ante mi se alzaban impertérritas, las puertas del infierno. Tras cuya protección los demonios anhelaban devorar mi alma maldita."


Ante mi se alzaban..............unas puertas de negro hierro talladas a semejanza de un gigantesco demonio, debían medir más de tres metros de altura y tener casi el mismo ancho.
Pese a todo su tamaño quedaba practicamente eclipsado por las dos portentosas estatuas que la custodiaban, siniestros colosos cubiertos por pesadas corazas.

Poseían cuerpos inmensos sujetados por unas piernas cortas y gruesas como columnas, sus manos de un tamaño desproporcionado estaban cruzadas sobre su poderoso pecho.

Unos ojos como zafiros relucían dentro de sus pequeñas cabezas, escrutando impasibles la nada.

Al principio creí que no eran si no simples estatuas, hasta que uno de ellos habló

-¿Quien se atreve a intentar cruzar es umbral?-

-Un hermano y una extraño- contestó el otro

-Que hable el hermano y presente al extraño- dijo el primero

-Soy Gren, senescal de nuestro señor Reign Beaux y el joven que me acompaña es el invitado personal de nuestro señor-

-En tal caso cruzad si es vuestro deseo- dijeron ambos seres al unísono

Con un suave deslizar las hojas se abrieron tras ellos dándonos acceso al oscuro interior.

Lo primero que me sorprendió fue el cambio de temperatura, cosa que no había notado hasta el momento.
No hacía frío, más bien era una sensación de que faltaba el calor.

-Mi joven señor llegados a este punto he de pediros nuevamente que no os separéis de mi en ningún momento y que solo habléis cuando se dirigían a vos ¿lo habéis entendido?-

Por su mirada y la actitud que adoptó entendí perfectamente lo que Gren quería decirme "si la cagas estas muerto"

-Descuida no tengo ninguna intención de separarme de ti-

Viendo que mi respuesta era la deseada empezó a caminar por aquellos pasillos de negro mármol iluminados por extraños fuegos fatuos que flotaban a una distancia regular entre si.

El ambiente del lugar era sin duda amenazador, el suelo estaba tan pulido que nos reflejaba ligeramente distorsionados, de las paredes de roca lisa colgaban recargados tapices, representaban batallas libradas por los ejercitos del mundo oscuro contra todo tipo de rivales.

Sin embargo en todas ellas existía un nexo común; un demonio al menos una cabeza más alta que sus congéneres encabezaba todos los combates.

Mientras Gren me conducía a través de los laberínticos pasillos comencé a escuchar una risa maniaca a la vez que un extraño olor a productos químicos llegaba a mi nariz.

-¿De donde viene esta peste?-

-Si contaseis por ese pasillo, llegaríais a los calabozos. Ahí es donde se ha instalado otro de nuestros aliados, es un ser bastante dual por decirlo de alguna manera-

Como vi que no iba a lograr sacarle nada más sobre el tema lo dejé correr.

Apenas unos instantes después el pasillo se abrió dando paso a lo que podría haber parecido un salón de baile.

Tenía forma circular con una cicunferencia de veinte metros al menos. El suelo estaba cubierto por gruesas alfombras, unos candelabros de pie estaban distribuidos por toda la estancia, en el centro un pequeño estanque de aguas tranquilas sobre las que flotaban extrañas flores adornaba el lugar.

El techo estaba rematado por una impresionante vidriera de vivos colores que formaba la imagen de una bestia draconiana, lo curioso es que según alanzábamos parecía que la bestia se movía, era como si la hubieran atrapado en el cristal.

Pero sin duda lo que mas destacaba en la sala era la aterradora estatua demoniaca que se alzaba al fondo de la sala, se alzaba sobre todo aquel que entraba en la estancia como un dios todopoderoso, recordando a los visitantes el poder de quien allí gobernaba.

A los pies del gigante de piedra un pequeño demonio levitaba a escasos centímetros del suelo, incluso así no superaba el metro cuarenta de altura, cubierto por una holgada túnica y un pequeño casco era imposible saber que aspecto tenia pues solo se le veían las pequeñas manos y unos inquietantes ojos rojos.

-Mensajero, informa al señor supremo de nuestra llegada-

Sin decir una palabra el demonio se dio la vuelta subió flotando por unas escaleras que rodeaban ambos lados de la estatua.

-Ya está hecho, en unos instantes seremos recibidos por el señor supremo-